3 de juliol de 2009

Acte de graduació de Business Programme de l'IL3

Ahir, 2 de juliol, es va celebrar l'acte de graduació dels Business Programme de l'IL3 de la Universitat de Barcelona. I si no fós perquè tenia clar a què anava, hagués imaginat que estava en un acte de graduació de llicenciats de filosofia i lletres de la Universitat Lliure de Brusel·les. L'acte es va centrar en retre homenatge a Francesc Ferrer i Guàrdia, en commemoració del 100 aniversari del seu afusellament a Montjuïc i 150è aniversari del seu naixement. Les referències van ser diverses. Adjunto la meva intervenció:


Queridos compañeros y queridas compañeras,

Es un honor para mi que se me haya brindado esta oportunidad para dirigiros unas palabras en esta sesión de fin de curso. Desde que me comunicaron la noticia he estado pensando en como expresar algunas sensaciones, pero resulta complicado porque los sentimientos derivados de la experiencia son muy difíciles de trasladar a otras personas, por muy parecida, por muy compartida que esta haya sido.

Reto, constancia, trabajo, esfuerzo, crecimiento, orgullo, equipo, inquietud, enriquecimiento, cansancio, ilusión, ambición, futuro y prácticas, muchas prácticas para entregar al día siguiente y por tanto, para los menos previsores, que intuyo la mayoría, pocas hora de sueño. Cada uno de nosotros ha experimentado de forma distinta la vivencia en los másters realizados.

Lo aprendido en los cursos ha dependido en gran parte de la Universidad. De los profesores y de los materiales. Pero también hemos aprendido mucho del resto de alumnos, los unos de los otros. La diversidad se ha mostrado una vez más una fuente de riqueza. No creo que hubiéramos aprendido tanto si nuestras vidas fueran más parecidas. El curso realizado ha sido un punto de encuentro y de confluencia de personas venidas desde muchos sitios distintos, de culturas distintas, con capacidades y condiciones distintas.

A aquellos que habéis venido de más lejos os quiero decir que siento cierta envidia. Soy una persona enamorada de su ciudad, Barcelona. Una ciudad mediterránea y a la vez europea, cosmopolita y a la vez celosa de sus tradiciones. Y me gusta pensar que la gente que viene de otros países, de otras culturas, también puede llegar a sentirse como en casa. Espero que guardéis un buen recuerdo de Barcelona, esta ciudad siempre ha querido ser un punto de encuentro.

El día de presentación del proyecto del MBA, el año pasado, pregunté a los presentes si se habían fijado en el relieve en mármol que hay en la entrada de la Facultad de Economía y Empresa, en aquellos momentos todavía Escuela de Empresariales. Un hombre vestido con traje de prisionero muere de pie ante un pelotón de fusilamiento. Detrás del pelotón, la complicidad de los poderosos. Este año se cumplen cien de ese hecho, el asesinato legal de Francisco Ferrer Guardia, un pedagogo que quiso cambiar el mundo desde la escuela, desde la educación. Desde entonces, Ferrer ha sido un emblema de la libertad de pensamiento y conciencia, valores que presiden también la Universidad de Barcelona. Es justo, pues, que también hoy, nosotros rindamos homenaje y reivindiquemos la dignidad de su memoria.

La principal obra de Ferrer fue la Escuela Moderna de Barcelona, pero su legado se extiende por muchos países bajo muchas formas. En Barcelona mismo, la Fundación Ferrer Guardia trabaja para salvaguardar su memoria, y lo hace con un lema que también hoy, en una ocasión como esta, me gustaría recordar: Instruiros y seréis libres.

Porque el conocimiento que hemos adquirido en esta institución constituye una herramienta básica para nuestro ejercicio de la libertad. Podemos escoger más caminos a recorrer que hasta ahora. Eso nos hace más libres. Y en nuestro caso, me veo obligado a insistir en que también nos hace más responsables. El mundo se encuentra inmerso en una crisis de grandes dimensiones porque gente con mucha capacidad se sintió irresponsable. Solo se sentían responsables hacia sí mismos, despreciando la responsabilidad que su poder les confería. Irresponsables con el desarrollo armónico de sus sociedades. Irresponsables hacia la degradación ambiental que compromete nuestro futuro y el de nuestros hijos. Irresponsables al fin con el futuro a largo plazo de su empresa. Ahora, cuando todo se derrumba, se lamentan y piden un cambio en las reglas del juego. Es un lamento hipócrita, porque no tuvieron ningún reparo en aprovechar estas reglas del juego en su beneficio a corto plazo. Y si bien el objetivo de una empresa es el beneficio, debe haber un replanteamiento de lo que significa este beneficio. Si sólo sirve para agotar nuestras propias energías o si, por el contrario, refuerza nuestras mejores posibilidades de progresar como sociedad. Ésta es la encrucijada en la que nos encontramos como sociedad.

La decisión sobre qué camino tomar la debemos responder cada uno de nosotros personalmente, a partir de la escala de valores personales. Se trata de una crisis de valores y a nosotros nos corresponde defender que hay un horizonte ético en nuestra labor. No somos meros agentes interesados en la cuenta de resultados. Somos responsables de la riqueza generada y del uso que de esta se de. No sirve de nada la riqueza si estás rodeado de miseria.

Este es el verdadero compromiso que adquirimos hoy. Ser útiles, o como dejó escrito Robert Baden-Powell, fundador del movimiento scout, del que he sido parte, dejar el mundo mejor de como lo hemos encontrado.

La alternativa es que las personas perciban la ciencia empresarial como un conocimiento intrínsecamente malvado. ¿Estamos dispuestos a dejar un legado que consista en que nuestro oficio solo atraiga gente con intereses egoístas? ¿O queremos que toda aquellas personas emprendedoras, inquietas, que tienen ganas de hacer que las cosas funcionen bien, se sientan llamadas por nuestra institución y nuestro ejemplo? El legado que recibimos está en parte maltrecho, somos responsables de proyectar una buena imagen. Buena imagen de los másters en los que hemos estudiado, buena imagen de la ciencia de la empresa, buena imagen de la gente emprendedora. La ambición debe estar asociada a ser positivo, a ser optimista, a querer que las cosas mejoren y trabajar para ello. Debemos asociar la ambición al progreso personal. No hay cometido más noble que éste.

Para acabar, les voy a pedir una cosa a todos y todas. Intenten mantener el vínculo con Barcelona, con la Universidad de Barcelona, y con todos sus compañeros y compañeras. Alimenten ese sentimiento que ha producido el máster. Hay miles formas de hacerlo. Sin embargo hay una muy singular y sencilla. Y es sumándose a la Asociación de Antiguos Alumnos de IL3. Sin lugar a duda, ustedes son los mejores embajadores de la Universidad allá donde se encuentren.

Muchas gracias.

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